Clásica 2

Revista de Ópera y Música Clásica

Las Redes Sociales y la Música Clásica

Fecha de publicación: 19 de octubre de 2011

Compartir es una de las grandes cualidades que tienen las nuevas redes sociales. Compartir ideas, noticias, anhelos, vivencias, en una palabra “compartirnos”, ha cambiado las relaciones sociales de una manera tan evidente y radical que será objeto de estudio por los sociólogos cuando haya transcurrido el tiempo suficiente para que este hecho se pueda observar con perspectiva suficiente.

 
LA MÚSICA CLÁSICA Y LA LITERATURA
 
Los vínculos afectivos, la sensación de no estar solos en la blogosfera, o el tener presente que existe un punto de encuentro donde poder expresarnos en un momento determinado, incluso para pedir socorro, reconforta de una manera hasta ahora no conocida.

Por todo ello, y modestamente, me gustaría realizar con todos aquellos de vosotros que coincidáis con lo arriba expresado una experiencia literaria y musical en común. “Compartida”. Musical, por razones obvias en esta página de música clásica, y literaria por ser la palabra escrita nuestro vehículo de comunicación, serán, pues,  los dos elementos que servirán para llevar a efecto está experiencia.  

Mi propuesta es que escribamos una historia en común. Una historia en común es algo nada original en otros medios, pero que creo si es innovador en éste de las redes sociales. Una historia en común donde cada uno de los participantes retomara el discurso donde la dejó el anterior. No se trata de ser unos expertos escritores, eruditos literatos, ni nos ha de importar el estilo, ni nada que no sea el dar continuidad a una empresa en común. A medida que la historia avance, tome vida propia, iremos sintiéndola como un hijo nuestro; un hijo que como todos vivirá su propia vida.

Para que la música participe también, debemos citar en los escritos una página musical que yo incorporaré al artículo para que los ilustre. Vuestros escritos mandármelos a mlopezbenito@clasica2.com.
 
No sé a qué nos conducirá esto. No sé siquiera si habrá participantes. Sólo sé que lo quiero intentar. Allá vamos. Esta “novela” comienza así. Está es mi contribución. No tiene título. Ese se lo pondremos entre todos al final.
 
LA NOVELA SIN TITULO 
 
CAPITULO I: YAKARTA
 
 
Querida Luisa:
 
La papelera de la habitación ya no admite más intentos arrugados de esta carta. Así que ésta es la definitiva. Es pues una carta a vuela pluma. Si divago te pido perdón. Llueve. Mejor dicho diluvia. Estoy escuchando como el saxo de Ben Webster desgrana las notas de “Did you call Her Today”; por un momento ese sonido familiar me transporta al Café Bohemia.., en  Greenwich Village.., en Nueva York.  ¡América dulces años cincuenta!
 
Todo aquello está ya tan lejano…El mundo hoy es totalmente diferente. Prácticamente irreconocible y, en casi todo, mucho peor.
 
                                                      Confutabis maledictis,
                                                      Flammis acribus addictis:
                                                      Voca me cum benedictis
 
El hilo musical de mi habitación en el Balai Sidang Jakarta Hotel emite, desde hace más de dos horas largas, un programa especial dedicado a la memoria de Ben Wester. Bennie; su saxo me acompañó durante gran parte de mi vida.
 
En la mesilla de noche están todavía los dos caramelos con la tarjeta de Miss Wendy Kalalo, en la que, en su calidad de Jefa de la Planta Novena del hotel, me desea felices sueños. Tengo que  abrir uno de ellos y dejar a continuación el envoltorio, bien doblado, en el cenicero. El otro me lo guardaré para que, mañana por la mañana, compruebe que me he fijado en su delicado detalle. Ella, con esa amabilidad sincera y profunda que solo encuentras en Asia, volverá a ponerme otros par de caramelos en el mismo sitio. Este rito sagrado lo he repetido durante cuarenta y cinco años sin fallar ni en una sola ocasión. Es mi tributo al trabajo y al esfuerzo de esos seres, anónimos casi siempre, que agradecen que alguien valore lo que hacen parándose a pensar –aunque solo sea por un instante- que detrás de esos caramelos hay afecto.
 
Encima de la cama me espera el libro que me acompaña en este viaje: “Historia de los Jueces de Córdoba" escrito por Abuabdala Mohámed ben Harit El Joxaní  y traducido del árabe por Julián Ribera y Tarragó que perteneció a la Real Academia Española. Su presencia, con independencia de la historia de los Jueces cordobeses, me subyuga pensar que tengo en este rincón del planeta algo que a Julián Ribera, un hombre que nació en 1858 y murió en 1937, ocupó su tiempo de forma preferente, probablemente con enormes sacrificios y que ahora, tantos años después, yace inerme pero vivo encima de la colcha azul cobalto de una cama de un Hotel de Yakarta. 
 
¿No es emocionante? ¿No es acaso la capacidad de maravillarnos muchas veces cada día con lo cotidiano- por facilidad- lo que rompe la monotonía gris de nuestras vidas y lo que la hace valer la pena? ¿Por que se llega a esta conclusión en la vejez?
 
La amabilidad es una cualidad en franca recesión. Parece que está reñida con los avances tecnológicos y sólo está reservada para aquellos lugares y ocasiones donde se vive a "baja velocidad". La velocidad de vivir es el resultado de dividir  la cantidad de detalles que ocurren a nuestro alrededor próximo y de los que no tenemos ni la más remota idea entre la unidad de tiempo. Esos detalles que no nos afectan, no nos seducen, no nos motivan, no los sentimos y… nos los perdemos para siempre.
 
La vejez nos baja la velocidad de vivir a su mínima expresión, pero entonces nos ataca el miedo. El miedo de saber que el tiempo que nos queda tiende a cero y se nos va casi sin sentirlo. 
 
Estoy especialmente locuaz esta noche. Se lo debo a que prácticamente me he bebido la botella de Château Lynch Bages del 89 que pedí con mi cena. En la habitación como siempre. Los comedores de los hoteles son especialmente tristes; llenos de personajes solitarios, absortos y cansados. Por otro lado salir a la calle, para cenar solo, no me gusta.
 
Es curioso pero detrás de un gran vino hay siempre un gran río. Y una gran historia. Detrás de este Burdeos del estuario que forman el Dordoña y el Garona antes de morir en el Atlántico están Leonor de Aquitania y su marido el Rey Inglés Eduardo II, allá por el siglo XII. Después Napoleón III, luego el calor del 89. Una delicia que baja por la garganta y nos calienta él estomago… y la vida.
 
                                                   Denn wir haben hie
                                                   Keine bleibende Statt,
                                                   Sondern die zukünftige suchen wir.
 
Tengo tu carta sin abrir. No me atrevo. Además necesito escribirte tantas cosas que no quiero distraerme con lo que me digas en ella. La he esperado mucho tiempo, ¿seis semanas?, ¿siete? La verdad no sé ni cuando llegué a Yakarta pero por fin está aquí. El juego, uno más de los innumerables de mi vida, toca a su fin.
 
¿Que queda del niño que fui? Todo, Luisa, todo.
 
Continuará (....)  
 
 
AUDICIÓN DE MÚSICA CLÁSICA EN CLASICA2
 
Para celebrar el nacimiento de este experimento literario y musical escuchemos el III. Movimiento:Largo de la Sonata para violonchelo y piano en sol menor Op. 65 de Frederick Chopin
 
     
Sonata para violonchelo y piano en sol menor Op. 65. III. Largo                          
 
 
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