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Revista de Ópera y Música Clásica

Richard Strauss: Burlesque para piano y orquesta

Fecha de publicación: 28 de mayo de 2009

Programas de Mano de la Hemeroteca de Música Clásica de Clasica2  presenta hoy la Burlesque para piano y orquesta de Richard Strauss con motivo del concierto ofrecido por la Orquesta Sinfónica de RTVE el 2 de febrero de 1989

Richard Strauss: Burlesque para piano y orquesta

 

música clásicaNOTAS AL PROGRAMA DE MANO

En 1885, o sea a sus veintiún años, Strauss compuso la que hoy se suele estimar como su primera pieza maestra, la Burlesca, una especie de scherzo para piano y orquesta. Por ello no deja de extrañar que el compositor, no ya mirándola retrospectivamente desde su madurez, sino poco después de escribirla, declarase que no era más que “un puro desatino” (Parece que con el tiempo dulcificó este juicio, porque la dirigió alguna vez en los últimos años de su vida).
 
Posiblemente la obra se presta a ser juzgada de modos muy diversos según los aspectos tenidos más en cuenta, lo que explica esa aseveración y los siguientes juicios de Hans von Bülow, el gran pianista y director de orquesta, protector por entonces del joven Strauss:
 
D’Albert estuvo admirable en la pieza tan interesante como, en general, fea de Strauss: la hermoseó hasta hacerla casi agradable” O este otro, en una carta a Brahms: “La Burlesca de Strauss es decididamente genial, pero en otro sentido espantable”.
 
Tratando de poner hoy las cosas en su lugar, lo que puede tener de negativo esta partitura es sus influencias, todavía perceptibles aunque no tanto como en sus trabajos anteriores, de Schumann y Brahms, y (ahora nuevas) de Liszt, así como, tal vez una (creo que discutible) falta de unidad: discutible, porque su estructura no debe ser dictaminada según los esquemas al uso. Y posibles altibajos de inventiva.
 
Pero aquí acabarían los reparos. Las virtudes son mucho más visibles y pesan muy favorablemente sobre un juicio global. Pese a los referidos ecos de algunos maestros anteriores, en vano se buscará en cualquiera de ellos una partitura siquiera vagamente parecida a la Burlesca straussiana por su originalidad de planteamiento, libertad y espontaneidad de su invención. Aunque predominan en ella los estados de ánimo alegres, joviales, chispeantes y hasta traviesos (contiene más una premonición de Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel), en realidad cambia de humor muy frecuentemente, no estando ausente de ella el lirismo- en ocasiones excesivo-, como al principio de la primera cadencia o de la primera de las secciones indicadas “solo”.
 
La orquestación, con la constante presencia, casi solista, de los timbales, es ya fuertemente original y presagia varios de los prodigiosos logros posteriores. 
 
Strauss había ofrecido en un principio la ejecución de la parte pianística a Bülow, pero éste, pese a su amistad, rehusó tocarla a causa de la enorme dificultad técnica de la escritura: “Es preciso cambiar la posición de las manos a cada compás. ¿Cree que me voy a pasar cuatro semanas estudiando una pieza tan imposible de tocar?” Años más tarde, Strauss encontró en Eugene D’Albert a un virtuoso que se atrevía a abordar la Burlesca, encomendándole el estreno, que tuvo lugar bajo su dirección en Eisenach el 21 de junio de 1890.
 
No es de extrañar lo que Bülow afirmó de esta interpretación, que “mejoró la música”. Bastantes veces sucede esto y en el caso de la Burlesca, la dificultad estriba no sólo en el aspecto técnico de la parte solista: tanto para el pianista como para el director de orquesta es realmente difícil extraer de la partitura todos los valores que encierra, pero cuando eso ocurre (es el caso, revelador, de la grabación discográfica de Barenboim y Metha con la Orquesta Filarmónica de Berlín), la obra adquiere una dimensión insospechada. 

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Escuchemos a continuación esta intereesantísima página musical de un joven Richard StraussBurlesque para piano y orquesta.

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Manuel López-Benito

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